La noche estaba en silencio absoluto.
A las 3:33 a.m., una luz atravesó la ventana… sin hacer ruido.
Quiso moverse, pero su cuerpo no respondía.
Una presencia lo observaba… no con ojos, sino con algo más profundo.
Sintió cómo flotaba. No caminaba… era llevado.
Afuera, el cielo no estaba vacío.
Antes de desaparecer, escuchó una frase en su mente:
“No es tu primera vez.”
A la mañana siguiente, despertó en su cama…
con una marca en el brazo que no estaba antes.